martes, 12 de junio de 2012
Se juega como se vive...
jueves, 9 de febrero de 2012
Tristes hombres (si no mueren de amores)...
No se cuán novedosas puedan resultar las palabras “mi vida ha dado un vuelco”. Creo que deben ser utilizadas a diario y en varios idiomas. Generalmente deben ser mal utilizadas, pues no ha de haber tantos vuelcos en las vidas de las personas. Dicho esto, e intentando evitar el cliché, diré que ciertos sucesos de los últimos tiempos me habían hecho pensar que estaba cerca de volverme loco.
He llegado al punto en el que he perdido algunos placeres cotidianos a los que, debo reconocer, nunca había dado la importancia suficiente. Por ejemplo, ya no puedo dormir. Ya no puedo, tampoco, recostarme en la cama y pensar en nada. He perdido la capacidad de sostener charlas de ascensor con las personas. De más está decir que se han perdido las sonrisas. Paradójicamente, ya he perdido también el llanto. Hoy día, es más como si después de encoger los hombros y bajar la cabeza, sólo dolor brotara y ya no lágrimas. Esto sería ideal si el dolor fuera un recurso no renovable, pero manejo la hipótesis contraria.
En este derrotero de la pérdida, que creo que sí puede ser común a varias personas, parece no quedar más remedio que la espera. Parece que los cientos de infelices que dicen “todo pasa” o “bueno, seguro que es para bien” tienen razón. Parece, ¡pero que Alá no permita que esto sea cierto! ¿Puede alguien intentar explicar felizmente la idea de que todo pasa? Es terrible, es trágica. Yo, al menos, no quiero que todo pase. No quiero vivir en un mundo así.
(Insértese aquí un párrafo que desarrolle la idea presentada en el anterior sobre lo triste que es pensar que las cosas tienen un curso normal que tiende a sostenerse a pesar de cualquier situación, por irreversible que sea. Un mundo con gente que mantiene “todo pasa” como una verdad, tiene que ser un mundo infeliz)
Lo he meditado algunos días, y me di cuenta de lo verdaderamente triste de la situación. Lejos estoy de estar volviéndome loco. Me estoy volviendo cuerdo.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Tocarte ni en canciones...
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Los Miercolinos
Los que saben dicen que hoy es miércoles. Yo no les creo, pero lo sostienen. Llegado el caso, lo afirman con vehemencia y hasta furia. Parece como si tuvieran un cierto miedo a que no sea miércoles. He meditado al respecto y si bien no logro dar con una conclusión que me cuadre como definitiva, he desarrollado algunas hipótesis.
La primera posibilidad que barajé es que, tal vez, el miércoles sea un día muy importante en la vida de quienes lo afirman como tal (podemos referirnos a ellos como Miercolinos ya que Miercolistas no tiene el mismo sabor sonoro). Automáticamente, intenté dilucidar las virtudes que podría llegar a tener el miércoles por sobre otros días. Aquí tropecé con el primer escollo. El miércoles no corre con la ventaja de proximidad al sábado inherente a jueves y viernes. Tampoco cuenta con la esperanza de nuevo comienzo y energía renovada de un lunes, que si bien da comienzo a la rutina, permite el reencuentro con colegas y compañeros. Así, el miércoles solo puede ostentar cierta ventaja – en el mejor de los casos – con respecto al martes. No parece éste motivo suficiente para la encarnizada defensa que hacen los Miercolinos.
Otra posibilidad es el miedo a la pérdida. Lamentablemente – y es aquí necesario ser claro sobre el carácter de lamentable de las cuestiones a ser mencionadas – en la era de la inmediatez, cada minuto parece contar. Todo es instantáneo y, por consiguiente, los instantes son preciados. Entiendo que el lector no comparte esa filosofía, puesto que de hacerlo ya hubiera abandonado la lectura; pero le pido que intente imaginar lo que podría llegar a sentir un Miercolino instantista si se viera forzado a renuncia al miércoles para aceptar que es, en realidad, jueves y ha perdido millones de invaluables e irrepetibles instantes. El Miercolino podría verse empujado al suicidio. Por otra parte, debe reconocerse que si en lugar de ser jueves, el día fuera martes el Miercolino ganaría todos esos instantes. Cabe aquí postular, entonces, que o el Miercolino carece del coraje necesario para apostar un día entero a cara o cruz o que este tampoco es el motivo de la fundación de este reaccionario grupo defensor de los miércoles.
Al haber descartado estas variantes, creo haber dado con algún motivo un tanto más probable: el Miercolino, al igual que la mayoría de los humanos, añora la perfección. El error, y más tratándose de un error tan elemental como puede ser la confusión en el día – ni siquiera en el número – es inaceptable.
Es esta la cuestión que me resulta particularmente reprobable. Uno puede, claramente, equivocarse en el día y creer que un jueves es un miércoles, y más aún si uno es un Miercolino empedernido, pero no aceptar el error es algo triste. La necedad es condenable.
Ah, por cierto, miércoles 7 de diciembre de 2011.
miércoles, 17 de agosto de 2011
Mis Memorias: Pre Prólogo
2. Yo creo que en el pre prologo habría que poner el porqué se escribe un libro... o algo así, ya que el prologo debería ser la introducción al libro mismo. Bueno, entonces les cuento que el aburrimiento me lleva a comenzar la redacción de mis memorias. Me enfrento entonces a dos problemas: en primer lugar mi corta vida y en segundo mi falta de memoria.